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14 kilómetros
opinió
14 kilómetros
Araceli Massieu / Salen las listas, lo primero que pienso es ¿me habrán elegido?, ojalá. Existían dos proyectos, una residencia de ancianos en Alcuescar o un proyecto misionero en Tánger. Para este último elegían solo a diez alumnos, puesto que existían plazas limitadas.

Durante años nos preparábamos para el PES (Proyecto de educación social), realizábamos diferentes talleres como ir a comedores sociales, residencias de ancianos, casas de acogida por las tardes, centros de día… Y para este último proyecto elegían a los que más interés hubieran mostrado. Finalmente, se cumplió lo que llevaba años esperando, me habían elegido. Me iba a Tánger.

Llegó el día, 10 de abril del 2016. Estábamos mis nueve compañeros y yo en la costa de Tarifa, era un día soleado. Frente a nosotros otro continente, imaginábamos que diferente al nuestro, con diferentes culturas, valores… Llegamos ese mismo día a las seis de la tarde. Era una locura, coches por un lado y por otro, las señales de tráfico no existían. Poco después nos instalamos en el Hogar Lerchundi y dimos una vuelta por Tánger. Comenzaba la experiencia.

Caminando por las calles vimos un montón de hombres, sentados en fila mirando a la acera mientras se tomaban un té verde. Asimismo, vimos a niños, no eran niños en condiciones saludables, se hacían llamar "niños de la cola". Solían vivir en lugares en malas condiciones o en la calle, podían tener cola pegada en la cara o quemaduras, debido a que a falta de cola esnifaban el combustible de los coches, y para ello se apostaban ante los tubos de escape hasta que arrancaran. A su vez, había niñas menores de doce años embarazadas, se las veía jugar con los demás niños.

Al día siguiente comenzamos los talleres –hogar, cruz blanca, adoratrices y monjas de Calcuta–, estas últimas tenían varios proyectos. Entre ellos estaba la atención a niños con familias desestructuradas o hijos de madres prostitutas, así como la atención todos los miércoles a los niños de la calle.

En el Hogar Lerchundi viví muchas experiencias, aparte de jugar con los niños en los recreos o estar con ellos en las horas de comida, les íbamos a buscar al colegio, donde siempre te acogían con una sonrisa. Creamos a principio de la experiencia un huerto dónde plantamos diferentes frutas y verduras que posteriormente servíamos en el comedor.

En el proyecto adoratrices solo podían entrar mujeres. Las madres traían durante la semana a los bebés para que se les limpiara, se les proporcionara ropa, cremas y comida. Este proceso solo se podía repetir una vez cada semana. Había bebés que a lo mejor durante la semana no se les cambiaba de pañales y no se le limpiaba, por lo que venían con numerosas heridas. Recuerdo que a menudo las madres decían que no habían parado de llorar en toda la semana y que estaban hartas, luego descubríamos que era debido a las heridas que le habían causado las heces durante la semana, en cuanto se curaban no paraban de reír.

En cruz blanca, o casa familiar, se atendía a personas con discapacidades. Cuando pienso en Ahmed, no puedo evitar sonreír. Era una persona muy activa, siempre bailando y sonriendo. Tenía una discapacidad que solo se le notaba por su incapacidad para hablar. Siempre nos hacía un gesto con la mano como si fuera un avión, indicando que no nos podíamos ir, que quería que nos quedáramos. Existían muchos casos, algunos que duelen y otros que alegran, pero todos eran una familia, y se cuidaban entre ellos.

Y por último, en cuanto a los proyectos, destaco la casa de las monjas de Calcuta. Era increíble, los proyectos y ellas. Todas las mañanas las acompañábamos en su rezo y te quedabas con la boca abierta. De esa casa tengo la experiencia de estar lavando los platos de los niños junto a una niña que tenía la edad de mi hermana, 13 años. Fue violada y pegada, la familia la despreció debido al embarazo que tomó de esa violación. Las monjas la atendieron y vivirá allí hasta los 18 años, trabajando y luego su hijo será cuidado en la casa.

La experiencia me dio un golpe de realidad, todos los proyectos estaban unidos por la voluntad de sacar adelante a los niños y educarlos en valores. Los niños eran cuidados por las adoratrices, luego la escuela y el hogar, evitando así que se juntaran con las mafias de la calle. Durante todo este proceso se les educa para que tengan un futuro mejor que el presente que viven.

Sólo 14 kilómetros separan dos mundos completamente distintos!

* Araceli Massieu és alumna de la Facultat d'Educació de la Universitat de Barcelona.

Gener 2018


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drets humans, desigualtats

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