La valentía de dialogar
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La valentía de dialogar
Ignacia Cabrera Reveco / La escuela está llena de historias y quiero contar una de ellas. Ocurrió el 22 de mayo del 2016, en Chile, al iniciar la jornada escolar, a las ocho de la mañana, familias, estudiantes, docentes, administrativos y directivos nos encontramos con el colegio ocupado.

La escuela está llena de historias y quiero contar una de ellas. Ocurrió el 22 de mayo del 2016, en Chile, al iniciar la jornada escolar, a las ocho de la mañana, familias, estudiantes, docentes, administrativos y directivos nos encontramos con el colegio ocupado. La escena de una ocupación se conforma de unos pocos elementos muy significativos: sillas y bancos bloqueando las entradas, amontonados unos sobre otros, y pancartas con alguna consigna que te permite entender el por qué de la acción. Fue una expresión más del movimiento estudiantil del país, cuyas demandas centrales son el fin del lucro en educación, la gratuidad de la enseñanza superior, el fortalecimiento de la escuela pública y a la defensa del rol del Estado en educación.
En un instante es como si se dibujara una trinchera que divide aquellos que quedan afuera con dudas y aquellos que tienen respuestas, y exigen otras más, que se encuentran adentro. Sin embargo, con rapidez se organizó un puente, una mesa de negociación, un espacio improvisado donde los estudiantes expresaron sus demandas y se deliberó hasta alcanzar acuerdos. Afuera, a gritos y llenos de indignación, adultos y estudiantes mostraban sus puntos de vista sobre la legitimidad de la acción, sobre el derecho a la educación, se debatía por todas partes. Otros muy preocupados, veíamos como se estaba gestando una denuncia a los estudiantes en la fiscalía, por lo que se hacía urgente dialogar.
En la pequeña sala donde se llevó a cabo la negociación, vimos a nuestros estudiantes exigiendo respeto a los acuerdos, definiendo el derecho a la participación y a la expresión política, aclarando cómo comunicar los acuerdos si los alcanzábamos, analizando el estado del mobiliario y su responsabilidad de cuidarlo, y posicionándose sobre las manifestaciones y los paros como expresiones legítimas.
Se estaba educando en valores. Por eso decidí tomar el rol de "secretaria de actas", para plasmar los acuerdos por escrito y respetar el espíritu de los participantes, pero sobre todo pensé que era un espacio formativo desde el que podía interpelar a mis estudiantes: "qué quieren decir con derechos", "a qué vamos a llamar participación", … Quería aportar lo que como pedagogos debemos promover: más y mejores instancias de aprendizaje para nuestros estudiantes.
Tras largas horas de deliberación, reuniones, asambleas, mensajes que iban y venían por las redes sociales y nuevas mesas de negociación, a las nueve de la noche el colegio fue entregado. Firmando un acuerdo que hasta hoy ha sido respetado.
Al irme a casa y despedirme de mis compañeros me bullían cuestiones de todo tipo: momentos como el que acabábamos de vivir nos ponen a prueba como comunidad, evidencian el trabajo desarrollado en favor del diálogo y la mediación, muestran que debemos escucharnos seriamente antes de llegar a la intransigencia, que la resolución de conflictos no es anteponer la posición de una de las partes o mezclar puntos de vista, que resolver conflictos es deliberar cuidando los lazos que nos hacen parte de una colectividad. También pensé en la necesidad de sistematizar la participación estudiantil, en el modo de integrar el diálogo y la mediación en el currículum, en el aprendizaje de la resolución de conflictos, en la incorporación de todos los estamentos en las decisiones sobre la escuela, y en la urgencia de dejar participar a los estudiantes en el devenir de una comunidad de aprendizaje.
Al finalizar ese día escribí a una estudiante, quería asegurarme que llegaba bien a casa y si –al igual que yo– seguía pensando sobre lo ocurrido. Al poco me respondió: "Fue un día donde la gente que quiere el bien del colegio se unió y trabajó en conjunto. Me satisface saber que existe gente que no pierde la fe y, como usted bien dice, eso es de valientes. Hoy unas pocas personas fueron valientes por un colegio completo"

*Ignacia Cabrera Reveco es alumna del máster de Educació en Valors i Ciutadania de la Facultat d'Educació de la Universitat de Barcelona.


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