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Valor de las TIC en la educación en valores

Resulta sintomático que necesitemos plantearnos la relación entre el uso de las TIC y la formación de actitudes y valores, como si fueran dos aspectos específicos que se pudieran separar del proceso educativo. Educar, en cualquier contexto y respecto a cualquier objeto de conocimiento, tendría que implicar educar en (o también en) actitudes y valores. Por otro lado, las tecnologías de la información y de la comunicación tendrían que ser uno de los recursos siempre al alcance en un proceso educativo.

La realidad que contemplamos es un poco diferente. La educación en valores y el uso educativo de las TIC parecen ser elementos invitados de honor en la mayor parte de los procesos educativos, y en muchos casos los educadores y las educadoras actuamos como anfitriones despistados y los dejamos en el recibidor del proceso educativo. Actualmente, la educación en valores y el uso educativo de las TIC entra sólo de pleno en el proceso educativo cuando éste es guiado por un profesional o una profesional con una especial sensibilidad para con estos temas. Pero entonces acostumbra a producirse una paradoja, toman excesivo protagonismo y pueden llegar a monopolizar sin razón los objetivos educativos que guían el proceso. Para acabar de complicar las cosas, se puede dar el caso que profesionales con especial sensibilidad respecto a la educación en valores puedan pensar que las TIC no les aportan ningún valor añadido, o a la inversa, que alguien que cree en el potencial del uso educativo de la tecnología no dedique la atención merecida a la formación de actitudes y valores. Así como se ha manifestado que un buen síntoma en la introducción del uso de la tecnología en la educación sería que los ordenadores y la tecnología en general pasaran desapercibidos, que fuesen un recurso más y cotidiano pudiendo contribuir en el proceso educativo; creo también que una buena señal respecto a nuestro sistema educativo y respecto a nuestra sociedad sería que la educación en valores formara parte intrínseca de cualquier reflexión sobre la educación, los procesos educativos, su planificación, los recursos disponibles, su ejecución, evaluación, etc. Las TIC son un instrumento más al servicio de la educación y como tales pueden contribuir eficazmente en cualquier proceso educativo. Ahora bien, como instrumento que son, los resultados que aporten dependerán del uso que se haga de ellas. Si el uso de las TIC es inadecuado, pueden convertirse en instrumento de un proceso deseducativo o contribuir a conseguir aprendizajes alejados de los objetivos que nos habíamos propuesto e incluso contrarios a ellos. Este peligro sin embargo, en ningún caso debe conducirnos a mirar desde la distancia o con recelo las TIC por miedo a que el uso que hagamos de ellas no sea el adecuado, ya que las TIC son una realidad que nos rodea y contribuirán a la educación tanto si nosotros actuamos como guías de uso como si no lo hacemos. Si los educadores y las educadoras ejercemos un papel decidido será más fácil que los resultados del impacto de las TIC en la sociedad sea el más deseable. En este sentido, a aquellos que temen por los efectos nocivos de las TIC en la educación, les diría que las TIC sólo pueden convertirse en una amenaza si las apartamos de los procesos educativos o si las reservamos a un espacio de actuación muy restringido. Ante cualquier posibilidad de contribución de las TIC en la educación en valores o en la educación en términos generales podemos encontrar una limitación o un posible efecto negativo. Sugiero que para convencernos de la necesidad del uso educativo de las TIC hagamos la lectura a la inversa y veamos que para cualquier efecto nocivo que las TIC puedan producir en nuestra sociedad hay un potencial educativo que no podemos dejar escapar. Por ejemplo, cuando nos referimos al uso de Internet hacemos referencia a la cantidad de información de poca calidad o de información que sustenta unos valores contrarios a aquellos que queremos fomentar. Esta información se puede considerar un peligro o una oportunidad y un recurso para formar a los ciudadanos en las capacidades de búsqueda y selección de información. Internet abre completamente las fronteras de la comunicación, a pesar de que hay quien piensa que el tipo de comunicación que se genera en la red es de una calidad cuestionable. Nuestro esfuerzo como profesionales de la educación tiene que centrarse en aprovechar un nuevo entorno de comunicación como un nuevo terreno donde trabajar la formación de actitudes y valores a través de actividades comunicativas. Otra clara contribución del uso de las TIC puede tener que ver con la gestión del tiempo y con la inversión de tiempo en procesos de reflexión y de disfrute. El hecho de poder realizar las cosas de una forma más rápida nos ha llevado en los últimos años a pensar que esto lo que tiene que permitir es hacer muchas más cosas. Esta dinámica nos ha llevado a pensar cada vez menos en aquello que hacemos, ni antes ni después de hacerlo, con el consecuente detrimento de la calidad y capacidad de disfrute de nuestras acciones. Probablemente la formación mediante el uso de las TIC abriría en este sentido una línea muy interesante de trabajo respecto a la formación de valores. La respuesta de cómo facilitar que las TIC se utilicen de forma adecuada en la educación, y específicamente en lo referente a la formación de actitudes y valores, no es nueva: los educadores y las educadoras tenemos que convertirnos en pioneros de esta sociedad de la información, del uso de todas las posibilidades que ofrecen las TIC en el terreno personal y social, y ello nos ha de permitir transportar al terreno educativo todas las potencialidades de las TIC. El hecho de que la respuesta sea obvia no quiere decir que sea algo fácil de alcanzar, pero existen un montón de iniciativas, desde la formación inicial y continua de los educadores hasta el desarrollo de sistemas y herramientas tecnológicas pensadas para procesos educativos que nos pueden hacer pensar que estamos camino de conseguirlo.

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